12 DE JUNIO · PERSEVERANDO EN LA ORACIÓN

Kate, una joven que vive en Australia, se dio cuenta de que estaba por dar a luz antes de tiempo. Estaba recién en la 27a semana de embarazo, lo cual implica peligro de vida para el bebé en caso de nacer en forma prematura. Ella y David, su marido, fueron de inmediato al hospital y al cabo de tres horas sucedió el parto.

Pero no era un solo bebé, sino dos. Sin embargo, en vez de alegrarse, los padres sintieron una enorme tristeza: los bebés habían nacido prematuros y uno de ellos, el varón, al que tenían pensado llamar Jaime, nació muerto. Los médicos hicieron todo lo posible por salvarlo, mas fue en vano. Colocaron al bebé sobre el vientre de su madre, y su padre David los abrazó a los dos y le habló al bebé: “Hijo, te llamas Jaime. Tienes una hermana y dos padres que te aman. ¡Tienes que vivir, sí o sí tienes que vivir!”.

Una de las enfermeras se acercó a David y le pidió que se calmara: “Entiendo tu angustia, pero ya no hay nada que hacer”, agregó. No obstante, el padre continuó: “¡Dios mío, esperamos tanto tiempo a este bebé. No dejes que ahora nos abandone! ¡Por favor Te lo pido, Padre Misericordioso!”. Para su enorme sorpresa – de pronto oyeron el llanto de un bebé. Jaime, el bebé prematuro, ¡resucitó y empezó a llorar! Y no estaba solo. Sus padres junto a las enfermeras también prorrumpieron en llanto, pero esta vez, lágrimas de emoción. Jaime estaba con vida y estaba sano, sus padres desbordaron de alegría. ¡Qué felicidad! Éste es el inmenso poder de una sincera plegaria al Creador, tal como dijo el Rey David en el Salmo 145:18: “Cercano está el Eterno a todos quienes Lo invocan, a todos quienes Lo invocan – de verdad”.

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