12 DE JULIO · LO QUE DIOS NO MENOSPRECIA

Hay momentos en la vida en que parece que todo nos sonríe, pero muchas veces detrás de esa sonrisa está oculto el maligno. A esto me enfrenté, cuando vi la sonrisa de una mujer. Esa sonrisa se convirtió en un encantamiento que me fue alejando de mi familia, perdí el deseo de estar cerca de mis hijos, y por supuesto de mi esposa también. Estaba tan fascinado con mi nueva experiencia, que me sentía como un gran conquistador.

Sin embargo, algo inesperado me hizo abrir los ojos. Mi esposa se enteró de la situación y reaccionó con mucha autoridad y firmeza; en cuestión de horas, me encontraba sin casa, sin familia y sin el respaldo de Dios. Eso fue en el año 97.

A raíz de todo esto, caí en una profunda depresión. El encantamiento había desaparecido; no podría soportar más a aquella mujer y la alejé de mi vida. Decidí buscar ayuda espiritual y busqué a mis pastores. Dios me dio una Palabra, la cual me hizo reaccionar y trajo una gran convicción de pecado a mi vida. Entonces, así como el hijo pródigo, me determiné a regresar para restaurar mi familia. Me dije a mi mismo: “¿Qué estoy haciendo con mi vida, con la vida de mi esposa y mis hijos?”. Luego de esto, una noche tuve una visita divina, e hice una sencilla oración diciendo: “Dios, restaura mi vida y mi familia y yo te serviré”.

Después de esta oración tuve en mi corazón la sensación de que ya todo estaba en las manos de Dios. Y tal como lo pedí, así sucedió. Mi vida fue restaurada, recuperé mi familia y luego Dios nos llamó a que le sirviéramos como familia en el ministerio. Hoy puedo decir: ¡Vale la pena servir al Señor!

William Raad

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