Uno de los privilegios más grandes que puede tener el ser humano es hallar la sabiduría, y con esto no hago referencia a la sabiduría de este mundo que ha desconocido a Dios para fundamentarse en el humanismo, sino que específicamente hablo de la sabiduría que fluye de cada una de las palabras que salen del río de la boca de Dios.

No olvidemos que apropiarnos de las enseñanzas del Señor nos llevará a tener una vida equilibrada, pues en la bolsa de valores del Reino de los Cielos, las acciones de la sabiduría jamás pierden su valor; todo lo contrario ocurre con las acciones de la plata que son fluctuantes.

Los frutos que otorga la sabiduría de Dios no son pasajeros, ya que dan dividendos en esta vida y en la eternidad. Es emocionante saber que aquellos que logramos rescatar de una condenación eterna, testificarán a nuestro favor en el último día. Humanamente no hay nada que supere los jugosos frutos de la sabiduría. «Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra». Es increíble ver que estamos viviendo los años de máximo desarrollo tecnológico y científico, sin embargo, aún el hombre no ha encontrado el método para extender su vida y juventud en esta Tierra.

Al respecto David alaba a Dios diciendo: “El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila”. (Salmos 103:4·5). Y en el salmo del pastor dijo: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días”. (Salmos 23:6).

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