“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:27).

Después de lidiar durante siglos con la naturaleza carnal y rebelde de Su pueblo que una y otra vez volvía a caer, Dios le entrega una grandiosa promesa al decir que pondría Su Espíritu dentro de ellos. Verdaderamente, todos los creyentes necesitamos la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Podemos ver que aquellos que Jesús había seleccionado como Sus apóstoles, aunque habían compartido con Él por tres años y medio, seguían siendo dominados por su fuerte naturaleza carnal.

En los últimos momentos de la vida del Maestro, tres de los más destacados del grupo se durmieron mientras Jesús gemía en la angustia de la descomunal adversidad que se le acercaba. Judas lo traiciona, Pedro lo niega y los otros lo abandonan. Consciente de esto, Jesús les dice: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1:8).

Gracias a que los apóstoles comprendieron el mensaje, por diez días perseveraron en oración junto con otros discípulos, pidiendo el cumplimiento de la promesa. Al descender el Espíritu Santo sobre ellos, sus vidas cambiaron de una manera radical y lograron levantarse transformados. A partir de entonces, Pedro se convirtió en un testigo valeroso que predicaba sin ningún temor sobre el amor redentor de Jesucristo. Los milagros más sorprendentes les seguían por dondequiera que ellos estaban.

Los apóstoles se convirtieron en elocuentes predicadores que dejaban sorprendidos a los eruditos rabinos y escribas de la ley. Ellos no podían explicarse cómo aquellos galileos rústicos gozaban ahora de una exquisita elocuencia en su oratoria. Sin duda, los creyentes de esta época entraron en una nueva dimensión en su vida de fe, tuvieron el privilegio de ser los primeros en recibir el don del Espíritu Santo, y trazaron el camino para las siguientes generaciones de cristianos.

El Espíritu Santo no fue ya alguien opcional, sino el regalo de Dios para Su pueblo. “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual” (1 Corintios 2:12·13).

Crea que el Espíritu Santo mora en usted. Él le ama profundamente y desea siempre lo mejor para su vida, por eso es fundamental que se decida a cultivar una amistad a diario con Él.

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11 JUNIO · DISFRUTANDO DE LA PRESENCIA DE DIOS

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