11 DE MAYO · UN ENCUENTRO GLORIOSO

Dios ha puesto en mi corazón un gran amor por la obra en Miami y recuerdo que años atrás nos encontrábamos con el equipo de doce de mujeres y mis hijas también se encontraban en esa reunión. Ese día las invité a que cada una de ellas elevara una oración pidiéndole al Señor que les diera la revelación de la Cruz. Cuando me tocó el turno a mí, elevé una sencilla oración, le dije: “Padre, te pido que me des ahora la revelación de la Cruz”. En ese mismo instante, se apoderó de mí un quebrantamiento, tanto que no aguanté permanecer en pie y caí al piso. Era como si el Señor hubiera tomado mi espíritu y lo hubiera unido al Espíritu de Cristo en el momento en que Jesús estaba ya crucificado. Pude sentir la soledad, el abandono, el rechazo que Jesús sufrió.

Luego vi esas nubes espesas, oscura, que eran legiones de demonios que venían con toda su furia contra la vida del Señor Jesús, eran como lobos feroces que querían devorar Sus carnes; también vi los principados demoníacos como búfalos salvajes que venían a golpear a Jesús con toda su furia.

Pero el momento más angustioso, que fue el que más me quebrantó, fue cuando vi que el Padre Celestial le daba la espalda a Jesús y se alejaba de Él. Sentía como si Dios me hubiera abandonado a mí. No podía borrar de mi mente esa imagen, toda esa noche estuve llorando y así me mantuve en ese quebrantamiento durante toda una semana. De algo estoy segura: quien tenga la revelación de la Cruz siempre será un vencedor.

Pastora Claudia de Castellanos

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