11 DE JULIO · BENEFICIOS DE LA FE

Cierto vapor iba camino de Cuba cuando en medio del mar se desencadenó una terrible tempestad. Dentro del barco viajaban, con el capitán, su esposa y su hija, las cuales estaban en el camarote durante aquellas horas difíciles. La mujer, especialmente, estaba llena de angustia, al ver el peligro tan eminente que todos corrían, mientras quedaba extrañada de la serenidad de su esposo, y de la intrepidez con que este mandaba el buque. Cuando se hubo serenado la tormenta, este fue a ver a su mujer, la cual le felicitó por lo valiente que se había portado en la hora difícil de la tempestad.

El capitán, sin decirle una sola palabra, llamó a su niña, y poniéndola sobre su rodilla le arrimó la espada a la cara, y la niña no se movió tan siquiera. Entonces el padre le dijo: ¿No tienes miedo de que te haga ningún mal con la espada terrible, hija mía? “No, papá, la espada está en tus manos y yo sé que tú no me harías ningún mal”. Respondió la niña. Volviéndose entonces a su esposa, le dijo: “Querida mía, el desenlace de aquella tempestad estaba en manos de mi Padre, y sabía que Él no me haría ningún daño. Hice todo lo que estuvo de mi parte, como capitán del barco; pero lo dejé todo al cuidado de él; la confianza en mi Padre fue lo que me sostuvo firme y tranquilo en medio de la tormenta”.

¡Cuán precioso es saber que tenemos un Padre que está en los cielos que cuida de nosotros, en el cual podemos confiar en medio de las dificultades!

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