Todo lo que el Señor Jesús hizo en esta tierra lo extendió a Sus discípulos, de tal manera que todo lo extraordinario que habían visto hacer al Maestro, ellos también tendrían el mismo privilegio de hacerlo en la autoridad de Su nombre.

“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre” (Juan 14:12).

Al empezar el ministerio, una inquietud muy fuerte en mi corazón fue cómo hacer para reproducir vida en la gente. Entendí que si lograba reproducir la doctrina de Cristo en las personas que se estaban discipulando y si ellas tenían principios claros para enseñar a sus discípulos, a través de esos principios serían transmisores de vida. Al recibir la revelación de la Visión, empezamos a orar específicamente por la salvación de doce personas para integrarlas a nuestro equipo y así discipularlas.

Los doce son la primera generación, los ciento cuarenta y cuatro la segunda generación, los mil setecientos veintiocho la tercera, y así sucesivamente. Haciendo la Visión pura, podremos influenciar a toda nación. Esté siempre seguro de que la palabra que usted transmite a sus discípulos esté cargada de poder, que sea espíritu y vida.

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10 SEPTIEMBRE · DECISIONES DE UN VISIONARIO

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