Un joven se acercó a mí a compartir su gran aflicción; su padre había sufrido una trombosis por causa de un preinfarto y esto lo había dejado sin movilidad y sin habla; los médicos habían dicho que ya no había esperanzas para él. Entendí el gran dolor que estaba viviendo y le pedí que trajera una prenda de su padre y oramos sobre ella (Hechos 19:12). Al hacerlo dije: “Por la Sangre de Jesús, la salud de este hombre es redimida del poder del enemigo”. Al terminar la oración le dije al joven que colocara la prenda sobre su padre.

Unos días después al encontrarlo me compartió cómo el poder sanador de Dios había tocado la vida de su padre luego que llevó la prenda; no sólo recuperó el habla y el movimiento sino que fue sanado por completo. ¡Un poderoso milagro!

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10 MARZO · LIMPIADOS POR SUS LLAGAS

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