Era una noche como cualquier otra, salí a caminar como de costumbre, pero en esta ocasión todo era diferente; me sentía devastado internamente, era como si Jesús estuviese ausente en medio de mi prueba. Mi gran pregunta era, ¿Señor dónde estás Tú? Luego entendí que en medio de la prueba uno siente como si Dios estuviera ausente de nuestra situación, y dentro de nuestra mente hacemos más grande el problema de lo que es.

Pero cuando obtenemos la respuesta, todo vuelve a la normalidad y nos damos cuenta que el problema estaba dentro de nuestro propio corazón. Algunos viven hoy en día con la misma inquietud de Job, son los que piensan que Dios está en algún lugar del universo completamente abrumado en Sus muchas ocupaciones, que es imposible llegar hasta Él y lanzan un grito de exclamación: ¡Dios, donde estás Tú! Pensar que Él está más cerca de lo que nosotros podemos imaginar.

El Apóstol San Pablo en su discurso a los Atenienses dijo: “Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos” (Hechos 17: 27·28).

Cualquiera que busca tener un encuentro con Dios no le es difícil porque aun palpando podemos hallarle, porque Él está tan cerca de cada uno de nosotros, como el aire que respiramos. Como fue revelado por el profeta Jeremías “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

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10 AGOSTO · ANHELAR SU PRESENCIA

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