10 DE JULIO · LA MEJOR CONSOLACIÓN

Un viejo marinero que estaba muriendo a bordo de un barco, dijo a su compañero: “Sólo puedo recordar un versículo de la biblia, el cuál no me da ningún consuelo: el alma que pecare esa alma morirá”. Entonces preguntó: “¿Hay algunos otros versículos que puedan ayudar mejor que este?”. Pero su camarada no pudo recordar ningún otro. “Ve a traerme al pequeño Pen”, dijo el marinero moribundo. “Acaba de salir de su hogar, de las faldas de su madre, quizás pueda recordar algo”.

El pequeño Pen fue llevado, y, abriendo su biblia puso su dedo en la página donde estaba subrayada esta frase: “La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado.” “Eso es lo que yo necesitaba” dijo el marinero moribundo. El apóstol Pablo escribió: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7). La Sangre de Jesús fue el precio que el Señor tuvo que pagar por nuestra redención, sin importar que la invoquemos en el último momento de nuestras vidas,

Su gracia nos alcanzará. Recordemos al ladrón que moría al lado de Jesús, solo imploró que Jesús se acordara de él cuando estuviera en su reino y el Señor le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

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