1 DE OCTUBRE · DETERMINADOS EN DIOS

El juez israelí Jacob Bar Zeev era popular por los juicios salomónicos con que solía amenizar su juzgado. A un hombre que tenía muy mal genio y era muy ingrato con su esposa lo condenó a llevarle a ella, durante un año entero, un ramo de rosas cada sábado o día de reposo semanal judío.

Después condenó a un árabe, que se enojó muchísimo porque su esposa se había comprado un vestido sin su permiso, a comprarle a la señora un vestido nuevo cada mes. De ese modo fue impartiendo fallos, obligando a nietos a felicitar a sus abuelos en sus cumpleaños, a hijas desamoradas a escribirles a sus padres, y a ciudadanos morosos a acordarse de la patria y pagar los impuestos que debían.

La iniciativa de ese juez es simpática. Ojalá todos los hombres casados le regalaran flores a su esposa de vez en cuando. Ojalá todos los nietos fueran más cariñosos con sus abuelos, todas las hijas lo fueran con sus madres y todos los ciudadanos con su patria.

Si los mandamientos y la ley sirvieran de algo, hace tiempo que la ley de Moisés hubiera perfeccionado a la humanidad. Pero la Biblia dice que la ley no perfeccionó nada (Hebreos 7:19).

Fue el amor de Jesús derramado en la Cruz del Calvario el que demostró lo que un corazón lleno de amor puede hacer. Que el amor de Jesús hoy en usted, puede emanar y alcanzar a todos aquellos que le rodean.

declaracion7oct verso7oct