2 DE OCTUBRE · ATRÉVASE A CREER

Aprender a vencer el temor es aprender a entender que los sueños pueden tener vida, se pueden disfrutar y cumplir, eso fue lo que aprendí a través del proceso que tuve que vivir con mi segundo hijo David, ya que nació prematuro, y todo esto fruto del temor que vino a mi vida por las dificultades que experimenté en mi primer embarazo.

Mi hija Valery, mi primer bebé, nació antes de tiempo y, por ello, sacarla adelante no fue una tarea fácil, así que no quería más bebés. Al enterarme que nuevamente estaba embarazada, vino un gran temor a mi corazón, y como lo decían los médicos a través de las múltiples ecografías las cuales mostraban que no había evidencia de vida: “Lo que viene mal, la misma naturaleza lo rechaza”, así que estaba teniendo un aborto y no había ninguna esperanza, según ellos.

Entré en oración y Dios me mostró que el temor es un espíritu que entra y nos hace abortar nuestros sueños y anhelos, pero que si nos apoyamos en Él, en el poder de Su Palabra, aun lo que esté muerto puede vivir, y eso fue lo que pasó, me aferré con toda mi alma a esa palabra: “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA AL QUE CREA EN MÍ AUNQUE ESTE MUERTO VIVIRÁ”, esta palabra no solo trasformó las circunstancias, sino que le dio vida a una nueva generación, pues eso es lo que representan mis hijos David y Valery.

Como padres pudimos vencer a ese gigante del temor; ahora abrazo cada día el milagro de la vida, y solo puedo decir que hay vida en la Palabra de Dios. Una sola palabra lo cambia lo trasforma todo, sí lo creo.

Por Lizeth Patiño

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