El aspecto de Josefina es bastante llamativo, es muy difícil que pase desapercibida, ya que en la ciudad de Bogotá no son muchas las personas que se mantienen fieles a sus costumbres y que lo demuestren en la forma de vestir.

Esta joven ecuatoriana de la comunidad indígena de Otavalo había decidido establecerse en Bogotá, Colombia. Cuando comenzó a compartir cómo llegó a nuestra iglesia, su testimonio me pareció tan sorprendente que pensé que tampoco iba a pasar desapercibido para los lectores. Con su espíritu alegre que la caracteriza, dijo: “Al llegar a Bogotá, la vida no fue fácil para mí, pues tuve que enfrentar la discriminación de algunos y a esto se sumaba la fuerte soledad que me acompañaba.

Mi trabajo siempre ha sido la artesanía, fabricar prendas típicas y venderlas en las calles. Había caído ya en una honda depresión y pensé que lo mejor era acabar con mi vida. Tenía tantas deudas que esto me afectó emocionalmente y me llevó al borde del abismo. En medio de mi desesperación comencé a escribir una carta de despedida, dando instrucciones a una hermana de qué hacer con las cosas que dejaba. Mi plan era suicidarme después de escribir esta carta. Había finalizado y decidí dar un último vistazo a lo que me rodeaba, como despidiéndome de todo”.

En ese momento, un joven pasaba apresurado, corriendo, y mirando su reloj. Algo se le cayó y le grité: “¡Oiga joven, se le cayó esto!” Agitado me dio las gracias. “¿Qué es?” Le pregunté, y él respondió: “¡Una Biblia!” Algo me llenó de curiosidad pues había escuchado mucho acerca de la Biblia. “¿De qué habla?” No sé por qué pregunté esto; tal vez en el fondo de mi alma estaba buscando una salida para mí.

El joven de manera cortés trató de apaciguar su afán y dijo: “Habla de Jesús, ¿lo conoces?” “¡No!” Respondí. Aquel joven era líder de la iglesia del Pastor Castellanos. Y dije: “¿Cómo puedo conocer a Jesús?” Con algo de duda, me invitó a una reunión de líderes que se realizaba ese día y a la cual iba retrasado. Accedí, tomé mis cosas y me fui con él. Es curioso, pues mi primera experiencia con Jesús fue en una reunión de líderes. Ese día hicieron una invitación para un Encuentro y me inscribí; sentía una paz extraña después de aquella reunión. Fui al Encuentro con dudas y temores. Nada había pasado todavía, pero en la última charla uno de los guías habló del amor paternal de Dios y que Él no discrimina a nadie. Eso me quebrantó.

Pude conocer a mi Padre Dios y tuve la certeza de que también me amaba. compartí después mi experiencia con un amigo de mi comunidad, comunicándole la manera como Dios me había restaurado. Con el paso del tiempo me convertí en líder de célula y poco a poco mas jóvenes indígenas quisieron experimentar su encuentro con Jesús.

Hoy en día, más de mil jóvenes indígenas han tenido la oportunidad de conocer a Cristo como su Salvador. Uno de ellos se convirtió en pastor de jóvenes de su comunidad en Otavalo, Ecuador, donde cuenta con quinientos fieles. Jesús no solo salvó mi vida, sino que me dio a conocer su amor de Padre.

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4 MAYO · EL DIOS TODOPODEROSO (EL SHADDAI)

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