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reflexionar “Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti” (Génesis 17:6).

Desde el momento en que Dios entró en pacto con Abraham, lo extendió a toda su descendencia. Este hombre agradó tanto el corazón de Dios, que le plació al Señor bendecir a través de él a todas las naciones de la tierra. Aunque él no tenía hijo, por causa de su fe, Dios lo hizo padre de naciones. La bendición de Abraham pasó a su hijo Isaac.

El Señor le dijo a Abraham:  “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra”. Isaac transmitió la bendición a Jacob; y Jacob, a los patriarcas. Podemos ver que la bendición de Abraham descendió primero a Isaac, y luego a Jacob, en ese mismo orden genealógico. La línea genealógica de Abraham continúa hasta llegar al Mesías, llamado el Cristo. Pablo comenta que Jesús es la simiente, o sea, Él es el verdadero linaje de Abraham, razón por la cual toda la bendición de Abraham recae sobre Jesús, como su simiente. Y Pablo añade que nosotros, por ser de Cristo, somos bendecidos con la misma bendición de Abraham.

Aunque Jacob había recibido la bendición de su padre,  tuvo que librar muchas batallas antes que ésta se concretara en su vida. La experiencia más grande la obtuvo en una de sus noches más angustiosas, cuando supo que su hermano Esaú venía cabalgando a su encuentro, y que traía consigo cuatrocientos hombres armados. Jacob sabía que las intenciones de su hermano no eran buenas, que aquél tenía una sola cosa en mente, destruir a Jacob, a sus mujeres y a sus hijos, arrasando con todo lo que tenía. Esto lo llevó a clamar a Dios con toda su alma. Esa noche, en oración, luchó con el Ángel de Jehová, y pudo ver Su rostro. El rostro del Ángel es la bendición. Mientras lo observaba, la bendición iba cambiando la maldición. Jacob quitó los ojos de las circunstancias y empezó a mirar a través del Ángel cómo la maldición era cambiada en bendición.

A través de Su rostro pudo visualizar lo que Dios estaba haciendo en su favor, pudo darse cuenta que el corazón de su hermano era transformado y que sus pensamientos eran renovados; pudo creer que se volvía una persona afable, familiar y amigable. Él miró la bendición y, cuando terminó de orar, supo que la bendición ya estaba con él. Cuando su hermano llegó a su encuentro, ya había cambiado, porque la bendición tocó a su hermano.

Mientras él iba cabalgando, lleno de ira, los demonios que lo incitaban al odio y le decían: “Tienes que matarlo, tienes que acabarlo, tienes que arrasarlo”, fueron atados por el Ángel.  Todo esto sucedía mientras Jacob estaba visualizando.  Y apenas fueron atadas las fuerzas del mal, vinieron los ángeles trayendo pensamientos positivos y de vida sobre Esaú:  “Pero, ¿por qué habría de matarlo si es mi hermano, si en verdad yo lo amo? Y no lo he visto en tanto tiempo, ni he conocido a sus mujeres ni a sus hijos. No, yo no puedo cometer semejante locura”.  Esaú cambió mientras estaba cabalgando; Dios mudo su corazón en un solo instante, y todo porque Jacob entendió el poder de la bendición.

Todo lo que Jacob había visualizado, al día siguiente lo estaba viviendo; tal como él lo había visto en fe. Jacob le dijo a Esaú: “Vi tu rostro como el rostro de Dios”. Por ello, llamó Jacob a ese lugar Peniel, porque dijo: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma”. Peniel significa “ver el rostro de Dios”. Cuando Jacob se encontró con su hermano, le dijo: “Vi tu rostro”, igual a la experiencia de Peniel, como el rostro de Dios (Génesis 32:30).

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declaracion

Aunque parezca increíble, cada creyente en Jesucristo puede revertir su difícil situación financiera. A través de Moisés, el Señor enseñó que tanto la prosperidad como la ruina son el resultado de la manera como nos relacionemos con la Palabra de Dios. Aquel que la oye y la obedece, trae la bendición financiera a su vida; mas todo aquel que la oye y no la obedece, atrae la ruina. (Deuteronomio 28:1-3·15).

Algunos pasos que le ayudarán a alcanzar la tan deseada victoria financiera:

  • Sea generoso. El contribuir a la obra de Dios no deber ser una exigencia sino un propósito nacido del corazón. “Cada uno dé como propuso en su corazón” (2 Corintios 9:7).
  • Ore antes de dar. Anule toda ruina y pobreza que amenace sus finanzas.
  • Dé con alegría. “No con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:6).
  • Confiese que Dios multiplicará su sementera. Lo que usted sembró, se multiplicará “…y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente…” (Deuteronomio 8:13).

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versiculo

orar

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DÍA 9 · DETERMINADOS A VIVIR EN BENDICIÓN

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