8 DE JULIO · PODER PARA VENCER

“Cuando estaba en mi semana 39 de embarazo, el doctor me mandó a internarme, así que por obediencia lo hice, los siguientes momentos fue un caminar en medio de la incertidumbre para poder hallar a Dios”. Fueron las palabras de Walkiria.

“Me interné a las dos de la tarde con dilatación cuatro, a las nueve de la noche me levanté tranquila para ir al baño y en mi trayecto, un temblor en mi cuerpo me impidió moverme. Yo estaba muy tranquila, pero mi cuerpo no. El doctor, al no saber la causa de mi comportamiento, decidió romper fuente y al hacerlo notó que mi bebé traía meconio. Le dije al doctor que procediera de inmediato con la cesárea para que el bebé no se intoxicara. No pasaron 10 minutos cuando ya estaba en sala de operación. Cuando el médico salió, lo primero que hizo fue abrazar a mi esposo, y le dijo: “¡Su bebé es un milagro, se ve que Dios está de su lado!”.

Mi esposo no entendía la magnitud del asunto, pudo presenciar la cesárea y pensó que todo estaba bien. El doctor tomó un hilo y le hizo dos nudos, explicó que así estaba el cordón umbilical. Lo asombroso es que a través del cordón umbilical el bebé recibe nutrientes, respira y se alimenta, él no entendía cómo mi hijo había logrado sobrevivir, alimentarse y crecer, aunque el cordón tenía nudos. Sabemos que fue la oración y la protección divina lo que hizo que mi hijo naciera perfectamente sano”.

Walkiria Pereira

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