5 DE JULIO · CORAZÓN SANO, PROMESA CONQUISTADA

A los quince años de edad empecé a tener una fuerte ansiedad hacia la comida, quería ser más delgada que cualquier otra persona Pensaba que si era delgada sería aceptada y amada por mis amigos, mis profesores, y… mi papá.

Sin embargo, sentía que la comida me llamaba, miraba la comida y sentía que no podía decir no. Incluso a veces decía en voz alta «no tengo hambre, no quiero comer esto» Pero sentía que había una fuerza dentro de mí, algo que no podía controlar, que me impulsaba a agarrar la comida y a poner todo lo que encontraba en mi boca. Después de hacerlo, la sensación de llenura me hacia sentir muy mal. Cada mañana me despertaba con mucho miedo, pensando que mi estomago había crecido al doble del tamaño.

No sabía cómo callar esas voces y parar esa ansiedad. Esto siguió por años hasta que un día Dios me hizo recodar de algo que me había sucedió cuando tenia quince años de edad. Un día, mi papá estaba muy frustrado, así que me miró y me dijo: «Yo sé que piensas que no soy muy bueno contigo. Es que veo mucho de mí en ti, y yo me odio a mí mismo.» Nunca pensé que mi problema de ansiedad podía ser el resultado de la relación con mi padre.

Hasta que un día hablé con mi Pastor y él me hizo ver que lo que yo experimentaba era resultado de los vacíos emocionales por falta del amor de mis padres. Luego, el Pastor oró por mí y ese espíritu de odio y ansiedad que había dentro de mí, salió completamente. ¡Fui totalmente libre! Desde entonces, la ansiedad por la comida no me volvió a mortificar. Dios ha llenado todos mis vacíos y siento Su amor muy cerca de mí.

Sabrina Matteucci

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