4 DE DICIEMBRE · TENIENDO UN EQUIPO COMPROMETIDO

Hace dos siglos que el mundo habla del famoso sermón, “Pecadores en las manos de un Dios airado”. Eran reuniones donde el Espíritu Santo corría el velo de los ojos de los presentes, para que contemplaran las glorias de los cielos y la realidad del castigo que está bien cerca de aquellos que están alejados de Dios. Jonatán Edwards fue la persona que más sobresalió en ese avivamiento que se llamaba el “Gran despertar”. Su vida es un destacado ejemplo de consagración al Señor.

Jonatán Edwards amaba a Dios, no solamente de corazón y alma, sino también con todo su entendimiento. Bajo una calma exterior aparente, ardía el fuego divino, como un volcán. Los creyentes de hoy le deben a ese héroe, gracias a su perseverancia en orar y estudiar bajo la dirección del Espíritu, el retorno a varias doctrinas y verdades de la iglesia primitiva tal como la doctrina del nuevo nacimiento, como una experiencia cierta y definida en contraste con la idea de la Iglesia romana y de varias denominaciones, de que es suficiente aceptar una doctrina.

En un período de dos a tres años, la Iglesia de Cristo despertó de una época de la mayor decadencia, entre la escasa población de Nueva Inglaterra, siendo arrebatadas de treinta a cincuenta mil almas del infierno.

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