Durante uno de los servicios del domingo prediqué sobre el tema Jehová Jireh; le enseñé a la iglesia cómo los ojos de Abraham fueron abiertos y tuvo la revelación de la Cruz; allí es donde encontramos toda nuestra provisión, tanto en lo económico, como en lo físico y en lo emocional. Podía ver que un velo caía de los ojos de las personas y ellos se apropiaban de estas palabras y milagros acontecían en muchos de ellos.

Regresé a mi casa para ver cómo estaba mi esposa, pues llevaba ya un mes en cama y hacía sólo una semana que había salido de cuidados intensivos porque no veía que se produjera una mejoría en ese lugar; sólo estábamos esperando en el Señor.

Al llegar, cuando la saludé me dijo: “No puedo acompañarte hoy a la iglesia, no me siento bien”. Muy emocionado comencé a compartirle lo que había predicado; vi que sus ojos se iluminaron, tomó un nuevo aliento y me dijo: “Quiero ir contigo a escuchar esta enseñanza”. Fuimos juntos a la iglesia y se ubicó en la primera fila del auditorio; mientras explicaba la Palabra ella la recibía con fe, en el momento de la oración creyó y lo confesó.

En ese instante no experimentó nada de emociones, ni hubo una manifestación extraordinaria; lo grandioso fue que entendió la Palabra de vida. Simplemente dijo: “Jehová Jireh, el Señor proveerá para mi sanidad”. Inmediatamente, de manera sobrenatural comenzó a notar su mejoría.

Este día lo invito a que crea firmemente que Dios tiene una bendición especial para su vida, recuerde que Él tiene lo mejor para usted, tan sólo debe disponer su corazón para que el Señor obre de una manera sobrenatural.

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29 MARZO · RECIBIENDO LO MEJOR DE DIOS

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