28 DE JULIO · UN MINISTERIO UNGIDO

Oral Roberts, cuando era un adolescente, soñaba con ser abogado y gobernador de su Estado, dentro de sus planes no estaba servir a Dios. Esto lo llevó a vivir a su manera; pero un día, mientras participaba de un campeonato de baloncesto, se desplomó en al piso quedando inconsciente. El diagnóstico médico fue tuberculosis. Esto sucedió en 1935, cuando no había cura médica para esta enfermedad.

Después de que padres supieron la noticia, se arrodillaron junto con la enfermera junto a él y oraron fervientemente a Dios para que su alma fuera salva. Pero Oral permanecía indiferente, no sólo a la oración, sino también a las lágrimas que ellos derramaban por él. Aunque su mamá y la enfermera se levantaron de sus rodillas su padre continúo clamando por la salvación de su hijo; en un momento Oral miró a su padre y vio que su imagen se desvanecía y su rostro se transformaba en el rostro de Jesús. Esta visión sacudió hasta lo más profundo de su ser y pudo ver al invisible. Inmediatamente, clamó a voz en cuello implorando a Jesús que lo salvara, tuvo convicción de pecado y con firme determinación le dijo al Señor: “Si Tú me perdonas y me salvas predicaré Tu Palabra”. En ese momento la gloriosa presencia del Señor descendió sobre todo el cuarto.

Unos meses más tarde asistió a una reunión de milagros donde el evangelista George C. Mocey oró por él reprendiendo el espíritu de enfermedad y fue completamente sano.

Desde entonces se preparó para servir a Dios convirtiéndose en uno de los más grandes evangelistas usados por Dios en la sanidad divina; también fundó una de las universidades más prestigiosas: Oral Roberts University, en Tulsa Oklahoma.

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