28 DE ABRIL · UNA GRAN META

Un herrero quien había experimentado una conversión genuina al cristianismo, pero aún seguía teniendo luchas económicas; cuando fue cuestionado por un viejo amigo acerca de su fe, éste le respondió: “En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú cómo se hace esto? Primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo, enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo más pesado y le doy golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada.

Luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido y el vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura.

Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta, una sola vez no es suficiente”. Luego le señaló una montaña de hierro y le dijo a su amigo: “todo lo que no aguanta el proceso viene a parar ahí”. Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Pero la única cosa que pienso es: Dios mío, no desistas. Inténtalo de manera que yo consiga tomar la forma que Tú esperas de mí.

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