23 DE JUNIO · TRANSFORMADOS POR SU AMOR

El Doctor Moody escribió en su libro “La Oración que Prevalece”: “Si al disparar una flecha tiramos de la cuerda del arco solo un poco, la flecha no irá muy lejos; pero si tiramos de ella hasta la punta, la flecha saldrá rauda y penetrará en el blanco. Lo mismo sucede con la oración: Si la musitan labios soñolientos se cae a los pies, pero si es lanzada por un deseo ferviente va a parar al cielo, atravesando las nubes.

No es la aritmética de nuestras oraciones lo que vale, ni la retórica, ni la música, o lo dulce de nuestra voz, ni la lógica, ni el método, o lo bien organizadas que estén; ni aun la teología o la buena doctrina en que se basan; de todo esto, Dios se preocupa poco. Él tampoco mira si las rodillas del que ora tienen callos, más bien como se dice en Santiago: Lo que cuenta es el fervor del espíritu.

Brooks dijo: “Del mismo modo que un fuego pintado no es fuego, un cadáver no es un hombre, la oración fría, no es oración. El fuego pintado no tiene calor, el cadáver no tiene vida; la oración fría no tiene poder, devoción ni bendición”.

Las oraciones frías son como saetas sin punta, espadas sin filo, pájaros sin alas; no penetran, no cortan y no vuelan”.

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