Toda la Biblia fue inspirada en la fe. Gracias a aquellos hombres sencillos y santos recibimos la revelación de la Palabra de Dios a través de sus vidas.

Sabían que lo que escribieran sería guía espiritual para las generaciones venideras. Si quitáramos la palabra “fe” de la Biblia, carecería de valor alguno. Pues lo que la hace un libro completamente diferente de cualquier otro es la presencia del elemento “fe”.

Todo lo que Dios es, ya se ha manifestado en la Persona del Señor Jesucristo. Jesús es el Verbo encarnado de Dios. Por esto Juan dijo: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4).

Hace muchos años, el famoso infiel Voltaire, declaró que pasados cien años de la Biblia “no se hallaría ni una sola copia en manos de los hombres”. Por muchos años la Sociedad Bíblica de Génova, ha usado la misma prensa de imprimir que él usó en sus libros, en uno de los cuales se halla su profecía.

Hoy la Biblia circula por toda la tierra, señalándose sus ejemplares en circulación como unos 400.000.000. El hogar en tierra civilizada que no posee un ejemplar, es una rara excepción. El libro de Dios en todo o en parte, ha sido trasladado o traducido a más de 1.000 idiomas y dialectos, de modo que todas las naciones debajo del cielo puedan conocer el Amor de Dios en Cristo.

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22 ABRIL · HAGAMOS NUESTRA LA PALABRA DE DIOS

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