Nadie puede trabajar para lograr la salvación, sino que solo se alcanza por la gracia de Dios. Y a esa gracia divina la activa la fe. Por esto, reconocemos dos aspectos muy importantes: la gracia y la fe. La gracia es el favor gratuito de Dios para quien no lo merece. Nadie merecía ser salvo por su propia justicia, sin embargo, por Su gracia, Dios nos miró con ojos de amor y misericordia, extendiendo clemencia hacia cada uno. Lo hizo al ver nuestra fe.

La salvación no es parcial, tampoco es futurista, la salvación está en el presente. Este es el tiempo aceptable, este es el día de salvación. Pablo dijo: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:1-2).

La gracia nos dio vida cuando estábamos muertos; nos rescató de la corriente de este mundo cuando ésta nos llevaba al abismo de destrucción; nos libró del espíritu controlador de este mundo y nos transformó de hijos desobedientes a hijos obedientes a Dios y a Su Palabra.

En este día lo invito a compartir con otros lo que Dios ha hecho en su vida, sé que su testimonio será una herramienta para que otros conozcan del amor de Jesús.

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20 DICIEMBRE · ALGUIEN SE INTERESÓ EN NOSOTROS

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