20 DE MARZO · FUNDAMENTO QUE PERDURA

Había un experto en trapecio que podía balancearse sobre una cuerda extendida en el aire y hacer otros trucos. Un día intentó hacer un truco maravilloso. Extendió una cuerda de un lado de las cataratas de Niágara al otro lado, se propuso caminar de un lado a otro, sobre la cuerda. La multitud de espectadores esperaba ver ese prodigio. El experto le preguntó a la multitud, – ¿Cuántos creen que yo puedo caminar de un lado a otro? Todo el mundo afirmó, – ¡Sí, creemos! Con temor y temblor, el hombre cruzó de un lado a otro, y la multitud le aplaudió fuertemente. Después volvió a preguntar, – ¿Cuántos creen que yo puedo cruzar de un lado a otro, con una carretilla delante? Todo el mundo se asombró, pero afirmó su credulidad una vez más; el experto no les decepcionó. ¡Cruzó de un lado a otro con la carretilla delante! Otra vez, se oían gritos de celebración.

El hombre no quedó satisfecho y preguntó de nuevo – ¿Cuántos creen que yo puedo cruzar con una carretilla llena de ladrillos? Y una vez más, gritaban, – ¡Sí! ¡Creemos! El hombre logró hacerlo, y la gente se volvió loca de asombro y alegría. Una vez más, el experto inventó una nueva maravilla y les dijo: ahora les enseño mi truco más peligroso. ¿Cuántos creen que puedo cruzar de un lado a otro, con una persona metida en la carretilla? Todo el mundo gritaba con más fervor que antes, ¡Sí! Creemos. ¡Sí!¡Creemos! Y el trapecista les hizo la pregunta clave, Bueno, ¿Hay algún voluntario para meterse en la carretilla? Toda la multitud permaneció en silencio.

“Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:26).

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