19 DE MARZO · ENFOCADOS EN NUESTRO LLAMADO

Mi vida era aparentemente muy tranquila, un matrimonio y un trabajo estable y el anhelo profundo por hacer las cosas bien. Fue cuando diagnosticaron a mi padre con una enfermedad degenerativa en sus articulaciones. Yo asumí su cuidado en casa, leí, me entrené para atenderlo de la mejor manera posible. Contrario a lo que todos esperábamos, la situación de papá fue más complicada, en lugar de aliviar sus molestias, cada día parecía estar mejor.

Entonces comencé a sentirme culpable, incompetente y muy desconcertada. Acudí a una consejería y recibí dirección de parte de Dios a través del Pastor, pude dejar de confiar en mi preparación, dejar de atormentarme con los recuerdos y acusaciones y avanzar hacia el objetivo: Ayudar a mi padre, oré fervientemente, entregué mi carga al Señor y avanzo cada día en Su Propósito. Lo extraordinario es que no sólo estoy más serena, sino que se detuvo en mi padre su deterioro físico.

(Helena Macías L. MCI – Bogotá)

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