19 DE ABRIL · DESDE LA NIÑEZ

Antwone Fisher tenía razones suficientes para vivir con el corazón fastidiado. Su papá había muerto antes que naciera, y su madre lo abandonó desde bebé. Creció como un niño desamparado en Cleveland donde fue maltratado y descuidado.

Después de largos años de búsqueda, a sus 33 años, encontró al hermano de su mamá, quien se ofreció a llevarlo al proyecto estatal de vivienda donde ella vivía. Durante el recorrido Antwone ensayó las preguntas que tanto había anhelado hacerle: ¿Por qué no volviste por mí? ¿Nunca te preguntaste cuál había sido mi suerte? Pero nunca se formularon. La puerta se abrió y Antwone vio una mujer frágil que se veía demasiado anciana para ser su madre. Su hermano le dijo: “Te presento a Antwone Quenton Fisher”. Ella empezó a lamentarse; apartó la mirada con vergüenza y se apresuró a salir del cuarto, llorando. Antwone se enteró de que su madre había tratado de conseguir un hombre que se casara con ella para criar a su hijo, pero no pudo. Dio a luz cuatro hijos más que también crecieron bajo tutela del estado. Fue hospitalizada, encarcelada y puesta en libertad bajo palabra.

Él optó por perdonar y escribió: “Aunque mi camino ha sido largo y difícil, he llegado a entender que el de mi madre fue más largo y más difícil… Allí donde el dolor del abandono se había arraigado en mi interior, ahora no había más que compasión”. Al fin de cuentas, todos decidimos qué se arraiga en nuestro interior. Optemos por el perdón.

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