17 DE DICIEMBRE · EL LUGAR SECRETO

Los que conocen las obras literarias de Juan Bunyan pueden confirmar que él es, en efecto, “el soñador inmortal”. Sin embargo, aun cuando miles y miles de creyentes conocen El peregrino, de quien él es autor, son muy pocos los que conocen la historia de la vida dedicada a la oración de este valiente predicador. El mismo se llamó “el principal de los pecadores”. Lo que vamos a referir a continuación, muestra la lucha que Bunyan sostenía con Dios cuando oraba; “Hay en la oración, el momento de dejar al descubierto la propia persona, de abrir el corazón delante de Dios, de derramar el alma afectuosamente en peticiones, suspiros y gemidos: “Señor”, dijo David, “delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto” (Salmos 38:9).

En otra ocasión escribió: “A veces las mejores oraciones consisten más en gemidos que en palabras, y esas palabras no son más que la mera representación del corazón, vida y espíritu de tales oraciones.” Indiscutiblemente, lo extraordinario de la vida de Juan Bunyan radicaba en su profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras, que él tanto amaba, y en la perseverancia de sus oraciones a Dios, a quien adoraba.

Se debe recordar que ese siervo de Cristo, al escribir El peregrino en la prisión, predicó un sermón que ya tiene casi tres siglos y que hoy se lee en ciento cuarenta lenguas. Es el libro de mayor circulación después de la Biblia.

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