17 DE ABRIL · IMPORTANCIA DE LA BIBLIA

Un joven llegó a la casa del hombre sabio, quien vivía en la cima de la colina. “¿En qué te puedo ayudar?”, fueron las palabras del sabio. “Quería preguntarle ¿cómo hago para alcanzar la sabiduría que usted logró?”. El sabio contestó: “Ven, acompáñame a dar un paseo y te enseñaré algo”.

Caminaron juntos hasta la orilla de un lago. Allí el sabio le dijo al joven que se quitara la ropa, entrara en el agua y que se sumergiera y aguantara su respiración lo que más pudiera y así lo hizo. Pero cuando estaba por emerger su cabeza, el hombre sabio lo sujetó con su mano para que no la sacara; cuando por fin el joven logró salir, enojado le dijo: “Le pedí que me enseñara no que me ahogara”. El sabio agregó: “Dime ¿qué fue lo que más anhelabas mientras sujetaba tu cabeza bajo el agua?”. El joven enfáticamente contestó: “Aire”. Replicó el hombre: “Eso es lo que necesitas para alcanzar la sabiduría, anhelarla tanto como el aire que te permite vivir”.

David dijo: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo (Salmos 42:1-2). Cuando anhelemos conocer a Jesús como el aire que respiramos es cuando estaremos listos a recibir la revelación de quién es Él.

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