“Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en Israel” (1 Samuel 17:25).

El espíritu de negativismo es uno de los enemigos más destructivos que enfrentan los hijos de Dios. Actúa de diferentes formas, pero siempre lo hace buscando el mismo objetivo; es decir, impedir que Sus hijos avancemos, conquistemos y tengamos fruto que glorifique Su Nombre. El poderoso ejército del Israel dirigido por el rey Saúl se había paralizado al ver al gigante Goliat que de manera intimidatoria desafiaba al ejército pidiendo que tan solo un guerrero le hiciera frente, pero nadie se atrevía. Por cuarenta días el gigante no cesó de fastidiar e intimidar al ejército de Saúl. Y cuando más lo escuchaban, aquellos guerreros más asustados estaban.

El negativismo actúa de manera similar: actúa en el centro de la mente y desafía a que peleemos contra él. Hace creer que Dios abandonó a esa persona y que no tiene fuerzas para vencerlo, le lleva a aceptar toda clase de imágenes negativas y destructivas. Ofrece un futuro sin esperanza donde solo hay muerte y desolación. En medio de la frustración generalizada de aquel ejército, surge un joven. Valiente guerrero que no usaba las mismas armas de ellos; alguien que había sido entrenado por la infantería celestial, que había aprendido el idioma de la fe y sabía usar las promesas de Dios como poderosos misiles dirigidos por la oración y la fe para causar estragos en el campamento enemigo. Este joven se detiene a observar aquel cuadro que para el ejército de Israel era muy vergonzoso.

David sabía en su corazón que podía vencerlo, aunque antes se conocería de cuál sería la recompensa del vencedor:

  • El rey le enriquecerá con grandes riquezas: Ese es el premio para todo aquel que venza al espíritu del negativismo. El Rey de la Gloria le abrirá las ventanas de los cielos y lo bendecirá con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. (Efesios 1:3).
  • El rey le dará por esposa a su hija: Dios le recompensará con un hogar sólido y bendecido, con un cónyuge que tenga a Dios en su corazón.
  • El rey eximirá de tributos a la casa de su padre: La bendición que se obtiene por la victoria alcanzará también a nuestra familia.

David representa la idea fresca de Dios que nos hace vencedores. Cuando el pensamiento de Dios se planta en la mente de uno de Sus hijos, Él da la fuerza para derribar al gigante más implacable. Al enfrentarlo, David le dijo: “Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel” (1 Samuel 17:46).

Fue Henry Ford quien dijo: “Todo el secreto de una vida exitosa es descubrir que estamos destinados a hacer algo, y luego hacerlo”. ¿Cuándo supo David que sería rey sobre la nación de Israel? Cuando el profeta Samuel lo ungió con aceite. Desde ese instante, David amplió su visión y dejó de pensar en sí mismo para pensar en el pueblo de Israel.

Cuando vio al gigante Goliat que desafiaba al pueblo, sabía que tenía la unción y el respaldo de Dios para enfrentarlo y vencerlo. David vio la situación como la oportunidad de Dios para hacerlo brillar.

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16 JULIO · FIRMES EN LA FE

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