14 DE ABRIL · EL PODER DE LAS VISIONES Y SUEÑOS

En 1961, a la edad de veintiún años, finalicé mis estudios en una Escuela Bíblica de Gran Bretaña. Ya podía regresar a mi casa en el norte de Alemania. Debido a que mi tren se retrasó, tuve tiempo para estar de turismo un poco. Y por cosas de la vida me encontré con una placa que decía: “George Jeffreys.” Acababa de leer un libro del evangelista, y no podía creer que la casualidad me había llevado hasta la misma casa en donde él vivía. Su obra sacudió ciudades, y hubo miles de testimonios sobre milagros. Ansioso me aventuré y subí por el portón, subí por una vereda y toqué el timbre. Salió una señora y le pregunté: “¿Vive aquí el George Jeffreys a quien Dios usó de una forma tan impresionante?” Para mí regocijo, me respondió afirmativamente. Esperanzado pregunté: “Por favor, ¿podría verlo?” Más su respuesta fue: “No, eso no es posible”.

Pero de pronto, una voz galesa, profunda y melodiosa, que según dicen fascinó a miles con su autoridad, habló desde el interior: -Déjalo entrar. Lo hice muy emocionado y allí estaba. Tenía setenta y dos años, -Bienvenido- me dijo. Me presenté, y luego hablamos acerca de la obra de Dios. De pronto, el gran hombre cayó de rodillas; y obligándome a arrodillarme también, comenzó a bendecirme. El poder del Espíritu Santo entró en el cuarto. La unción comenzó a fluir, y como el aceite de Aarón, parecía correr sobre mi cabeza. Sentí, por decirlo de alguna manera, como “bajó hasta el borde de mis vestiduras”. Ver a ese hombre de Dios, me hizo comprender que edificamos sobre aquellos que vivieron antes que nosotros. La ciudad de Dios está edificada sobre el cimiento de los apóstoles.

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