11 DE JUNIO · PENSANDO EN LAS COSAS DEL ESPÍRITU

Qué hermosas son las perlas, pero debemos saber que cada una de ellas son el producto de un gran dolor. Toda perla es la consecuencia de una ostra que ha sido herida por un grano de arena el cual entró en su interior y la lastimó. La ostra que no ha sido herida no puede producir perlas.

En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia llamada “nácar”, y cuando un grano de arena penetra en la ostra, ésta lo recubre con capas de nácar para protegerse. Como resultado, se va formando una hermosa y brillante perla.

¿Se ha sentido herido por las palabras, o actitudes de alguien?

¿Ha sido acusado de decir cosas que nunca has dicho? ¿Han sido sus ideas rechazadas o ridiculizadas?

¿Le han culpado de haber hecho algo que jamás hizo?

¿Su actitud frente a ciertas situaciones se malinterpreta? ¿Ha sufrido alguna vez los golpes de la indiferencia?

¿Le han herido precisamente aquellas personas que menos esperaba?

¿No le valoran como realmente lo merece?

Entonces, perdona y haga de su herida una perla. Cubra sus heridas con varias capas de amor, recuerde que cuanto más cubierta esté su herida, menos dolor sentirá. Por el contrario, si no la cubre de amor, esa herida permanecerá abierta, le dolerá más y más cada día, se infectará con el resentimiento y la amargura, y peor aún, nunca cicatrizará.

En nuestra sociedad podemos ver muchas “ostras vacías” no porque no hayan sido heridas, sino porque no supieron perdonar, comprender y transformar el dolor en una perla. “Una perla es… una herida sanada por el amor”.

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