Una de las misiones más importantes que encargó Abraham a su criado Eliezer fue ir a la casa paterna de su amo y hallar esposa para su hijo Isaac; además le hizo jurar que no permitiría que se casara con una mujer extranjera.

Eliezer fue cuidadoso en cumplir lo que le habían confiado y emprendió el viaje con la plena certeza de no regresar con las manos vacías. Salió equipado con regalos muy selectos, preparados para la joven que Dios hubiera escogido.

Cuando ya se encontraba en el lugar correcto, oró para que Dios prosperara su camino y para saber cuál sería la persona indicada pidió algunas señales. Todo se cumplió en la vida de Rebeca. Tal como Eliezer se lo había propuesto, regresó con la doncella para presentarla a Isaac quien la amó desde el primer instante en que la vio.

Lo interesante de esta historia es que Eliezer es un prototipo del Espíritu Santo quien es el encargado de escoger la persona indicada para cada individuo. Por supuesto, Él no va a buscar en lugares incorrectos, sino que lo hace entre quienes tienen principios cristianos y son temerosos de Dios, a los cuales Él ha guardado sobrenaturalmente para la hora adecuada. Cuando Dios escoge por nosotros, se mantendrá la pureza del amor; si somos nosotros los que escogemos sin Él, nos exponemos a vivir una relación pasajera. En el caso de Isaac y Rebeca podemos decir que:

  • Fueron dirigidos por Dios.
  • El Espíritu Santo se encargó del encuentro.
  • Supieron esperar en Dios.
  • Renunciaron a sus propios intereses.
  • Decidieron servir a Dios, por lo cual fueron prosperados.

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10 MAYO · DIOS TUVO UNA BUENA IDEA

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